Dos kurdos sirios llegan a Ceuta dejando el infierno detrás

 

Niños kurdos sirios privados de su nacionalidad reclaman el derecho a aprender en su idioma / Bierut

Los kurdos constituyen el pueblo invisible de Siria. No tienen derechos, se les quiere arrebatar su historia y se enfrentan a condenas arbitrarias, carentes de fundamento. Bien lo saben los dos protagonistas de esta historia. Pongamos que se llaman Wali y Fad. Con 30 y 27 años, respectivamente, ambos son inmigrantes y han llegado a Ceuta en busca del asilo político.

Para ellos obtenerlo significa salvar sus vidas. “Si nos deportan, nos castigarán con 15 años de cárcel. Si nuestras caras  o nuestras identidades salen en algún periódico, nos matarán”, indican. Así que serán Wali y Fad de cara a la galería, aunque tanto para el CETI, al que llegaron esta semana, como para la Policía, tienen su auténtica identidad.
Como kurdos han estado perseguidos. Lo han estado por participar en sus propias fiestas y lo han estado sencillamente por ser kurdos. ¿En qué se traduce esa persecución? En penas de cárcel. Se les detiene y se les castiga con 6 meses, otras veces con cuatro y en otras ocasiones con un día. ¿Por qué? Por participar en sus fiestas, como la que celebran cada 21 de marzo: el Newruz, una jornada, marcadamente reivindicativa, en la que se recuerda los orígenes y la antigüedad del pueblo kurdo. Tras una de estas fiestas a Wali le dispararon en el brazo. Todavía conserva la cicatriz. Pero eso no ha sido lo peor: las torturas en prisión, los golpes o las detenciones masivas constituyen el aliciente necesario para buscar la escapada. El hermano de Fad estuvo preso, cuando salió lo hizo sin poder mover las piernas y con graves secuelas psíquicas. De eso huyeron estos dos inmigrantes, los únicos kurdos sirios que viven en el CETI, en donde, desde hace un año está acogido otro sirio más.

Wali y Fad recuerdan que los kurdos pierden hasta su identidad. En sus casas se les llama por un nombre que no reconocen las autoridades sirias. Incluso éstas les llaman árabes-sirios en vez de kurdos y les diferencian en su documento de identidad con un 0 por delante del resto de números. Son un pueblo diferente que, como tal, de entrada, por ser kurdos, “le deben un año de cárcel al Estado”. Por tener tienen hasta una justicia paralela.
Por eso Wali y Fad escaparon de su tierra. Con 4.000 dólares por delante agenciaron con la mafia la posibilidad de marchar a Europa y terminaron en Ceuta, al lado de una gran bandera española. Wali dejaba atrás una orden de detención por ser el chófer del partido kurdo y participar en una manifestación en la que todos terminaron detenidos menos él. Su compañero y amigo Fad deja atrás a un hermano cuyo paso carcelario por la sección palestina le convirtió en otro hombre.
La primera ‘estación’ fue Turquía. Allí, con los ojos vendados para no saber nunca qué barco era el que les sacaría del lugar, comenzaría su periplo, consiguiendo escapar de una deportación segura, ya que Turquía y Siria mantienen activos acuerdos de colaboración para deportar a los kurdos que son detectados en sus respectivos territorios.
Durante 14 días, narran, estuvieron escondidos en las bodegas del barco. Saben que éste se paró en algún un puerto un día. Y que luego continuó el camino hasta llegar a Ceuta. Allí les dijeron que salieran de las bodegas y abandonaran el barco sin mirar a los tripulantes para que nadie les reconociera. En una barca más pequeña se les trasladó a tierra, se les mostró una bandera española y se les abandonó. Ahora permanecen en el CETI a la espera de una resolución. Saben que a su país nunca más podrán volver.

La identidad de los supervivientes

Ser kurdo en Siria viene marcado por la etiqueta de la supervivencia. No se sabe el número que representan, aunque se estima que superan los tres millones. Viven ahogados entre la frontera de Siria y Turquía, sometidos a una deportación segura con lo que viene después: las detenciones, los encarcelamientos y las torturas. Se les acusa sin motivo, y se les trata de distinta manera que al resto, incluso se les intenta quitar su identidad nominándoles de otra forma. Tienen su propia sección en la cárcel y según las estimaciones del juez de turno se les aplica las condenas. En el CETI no es muy común la aparición de kurdos y ahora conforman la nota diferencial. Ellos y tres palestinos se entremezclan entres subsaharianos y argelinos.

Fuente: http://www.elfarodigital.es/

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