“El pueblo de Halabja nos pide que no olvidemos a los muertos ni a los vivos”

Era incómodo. Estábamos en Halabja en el 25 aniversario de los ataques con gas que mataron a miles de personas en la ciudad en un solo día, parte de la campaña genocida de Saddam Hussein contra los Kurdos. Los Kurdos, que sufrieron este delito, merecierón los asientos de honor en esta reunión, pero no nosotros, los internacionales, que los ignoramos o incluso les culpamos a otros de la muerte, con el fin de apoyar a nuestros aliados (en ese tiempo), a los autores, Saddam y su gobierno baazista. Sin embargo, aquí nos sentamos, unas cuantas filas del frente.

Por algún giro interesante del destino, un acto de Dios o tal vez la pura coincidencia, en medio de nuestra incomodidad, nos dimos cuenta de un pequeño grupo de hombres jóvenes sentados en el suelo, al lado de nuestros asientos, manteniendo con sus pósteres arrollados. Se miraban un poco agitados.

Protestas y manifestaciones públicas en el Kurdistán Iraquí es un negocio peligroso. Desde la Primavera Kurda de 2011, la gente tiene miedo de ser arrestada, golpeada, desaparecida, o incluso baleada en la calle por la Asaish (las fuerzas de seguridad) por llevar a cabo “protestas ilegales”. Sólo participan en las protestas permitidas, en que no cabe criticar al gobierno. Los hombres jóvenes sentados junto a nosotros parecian ser más valientes que la mayoría, por lo que ofrecimos nuestro apoyo, nuestra presencia, nuestro testimonio del acto valiente que estaban a punto de emprender.

La acción fue simple. Tras el discurso del Primer Ministro Barzani, condenando los ataques y dando homenajes vacías a los hombres, mujeres y niños de Halabja, los jóvenes se pusieron de pie, caminaron hasta el centro de la nave, directamente en frente del escenario, manteniendo sus banderas  en alto y reclamado a Barzani y al gobierno para que honren las promesas que hacen todos los años. Los ECAPeros se pusieron de pie para respaldarlos, y para observar, escuchar y apoyar. El grupo creció, duplicando su número cuando otros jóvenes agarraron banderas y llamaron a otros más a unirse a ellos.

Halabja fue una excusa para invadir y ocupar Irak. Las violaciones de derechos humanos de Saddam fueron citados como base del deber moral de conquistar. En cada aniversario cuando los muertos son honrados, políticos y diplomáticos hacen discursos prometiendo el cambio que nunca ha llegado.

Halabja es una ciudad pobre, con falta de servicios públicos y un nivel de vida bajo. Los gases que causaron la muerte también causaron graves heridas, tanto mentales como físicas. La situación agobiante causada por el programa “Petróleo por alimentos” de  las Naciones Unidas creyó dependencia en ayuda del gobierno.

En lugar de hacer frente a estas cuestiones, el Gobierno las ignora, optando por crear y erejir monumentos de auspiciar eventos conmemorativos que cuestan varios millones de dólares.

El pueblo de Halabja y estos jóvenes manifestantes nos piden a nosotros y al mundo, sí, que no olvidemos a los muertos, pero que tampoco olvidemos a los vivos. A medida que pidieron a los políticos a cumplir sus promesas a los sobrevivientes de los ataques, también a nosotros, la comunidad internacional, nos reclaman, que no olvidemos.

Hasta la fecha, los manifestantes no han sido objeto de represalias. Pero tampoco han visto logros más allá de la acción en sí. Otras consecuencias pueden venir más tarde.

A los diez años después de la invasión, un año después de la retirada de tropas, me temo que nos hemos olvidado de aquellos que siguen sufriendo las consecuencias, los que sobrevivieron a las acciones y omisiones de nuestros gobiernos. Me temo que nos hemos olvidado de los Kurdos.

Fuente y foto : www.cpt.org

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Una respuesta a “El pueblo de Halabja nos pide que no olvidemos a los muertos ni a los vivos”

  1. maria sancho dijo:

    Fabuloso testimonio. Honremos la memoria de muertos, mientras cuidamos de los vivos. Halabja es un caso paradigmático

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