El reclamo nacional del Kurdistán

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Martin Piqué/Tiempo Argentino -Famosos jinetes, nómades  eran los guerreros montados que aparecían entre las montañas y hacían temblar al desierto. Ahora son una nación sin Estado, el caso más emblemático de una comunidad idiomática, con historia y tradiciones propias, con identidad nacional, que no cuenta con territorio propio. Todo el tiempo aclaran que no son árabes ni turcos, tampoco iraníes. Son kurdos. Su idioma es una lengua indoirania que tiene su origen en los medos, el pueblo que en el siglo VI a. C. fue anexado al imperio persa. Ahora quisieran galopar en sus míticos caballos hacia la constitución definitiva del Estado kurdo. Son millones desperdigados entre Turquía, Irán, Irak y Siria, con una diáspora en Alemania, en Europa.

En Irak, tras la derrota de Saddam Hussein, y con la sanción de la nueva Constitución de 2005, pudieron avanzar hacia una creciente autonomía, con un gobierno regional en las tres provincias del norte: Erbil, Duhok y Solimania. Pero los kurdos se sienten una sola nación. Su lengua se puede escuchar en Turquía, Irán, Irak, Siria (donde estuvo prohibido), Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Y si pudieran, aplicarían el trazado de límites que establecían los acuerdos de Sykes-Picott, de 1916, y Sevres, de 1920, tras la derrota del Imperio Otomano, que preveían la creación del Estado kurdo. Pero nunca se aplicaron por la aparición del movimiento nacionalista de los jóvenes turcos y el resurgimiento de Turquía como potencia regional. Hoy, la autonomía del Kurdistán iraquí alimenta los deseos de independencia de los kurdos de Turquía, que son la mayoría. Lo mismo sucede en el Kurdistán iraní. El movimiento emancipador, en ambos países, asumió desde hace dos décadas la vía de la lucha armada.

En territorio de Turquía, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) mantiene el accionar guerrillero. En casi tres décadas se calculan alrededor de 37 mil muertos. La relación con la República Islámica de Irán es contradictoria: en los últimos meses Ankara acusó a Teherán de brindar apoyo al PKK, en 2004, el gobierno iraní bombardeó la frontera con Irak en represalia por atentados del PJAK, milicia derivada del PKK. El factor religioso suma un ingrediente más: la mayoría de los iraníes son chiítas, los kurdos son suníes.

El campo de refugiados de Domiz, a 60 kilómetros de la frontera sirio-irakí, no tiene la heterogeneidad de otros campamentos. Aquí no hay esa Babel de lenguas y rivalidades con las que deben lidiar los voluntarios del ACNUR. Unas 10 mil personas acampan desde hace meses en las tiendas de campaña que se extienden por la tierra seca. La absoluta mayoría son kurdos que huyeron de Siria. Algunos residían en Damasco o Aleppo, las grandes ciudades. Se habían instalado para estudiar o acceder a mejores trabajos. Otros provienen de la zona rural limítrofe con Irak. El comerciante Salah Ahmad Ahmad, por ejemplo, dejó su casa y su granja en la ciudad de Al Harak, provincia de Daraa. Recibe a Tiempo Argentino en su carpa canadiense de techo a dos aguas. En el piso hay colchones y alfombras, a un costado una cocina a garrafa. Ahmad ofrece una bandeja con vasitos de té y azúcar, el gesto de hospitalidad típico del Kurdistán.

La tienda de Ahmad no tarda en llenarse de gente. Su familia y amigos quieren presenciar el diálogo. Aparece un pariente de la misma sangre –”Mohamed Motic Ahmad”, se presenta–, las esposas de ambos, los hijos que no dejan de sonreír, más un vecino que no quiso perderse la experiencia, Yosef Ali Mohammed. El cronista está acompañado por un profesor de inglés y Literatura egresado en Damasco, Selam Abdalsalam Khanger. Tiene 25 años, hace un mes que vive en el campo de refugiados y oficia de traductor. Terminadas las presentaciones se escucha la voz del anfitrión. Sonriente, carismático, Ahmad cuenta a Tiempo que la intención de su familia es regresar a su pueblo de origen alguna vez, pero aclara que por ahora ni piensan en volver. “Temen las represalias del gobierno”, explica Khanger.

Luego Ahmad cuenta que la mayoría de su familia emigró en 2004 en busca de oportunidades laborales. “El gobierno no nos ayudaba y tuvimos que mudarnos a las ciudades capitales”, traduce Khanger. El profesor de Literatura dice que la mayoría de los hombres solteros que pueblan el campamento de Domiz son desertores del Ejército sirio. “Abandonaron Siria porque no querían pelear contra su propia gente. Entonces dejaron las armas y volvieron al Kurdistán (se refiere a la región norte de Irak). Hasta hace unos años el 10% del Ejército sirio estaba compuesto por kurdos”, afirma Khanger. La conversación termina con pedidos de fotos, apretones de manos y un comentario elogioso sobre la yerba mate. “Es un té muy rico”, dice Ahmad con una sonrisa. Siria es uno de los principales compradores de yerba argentina.

El veterano Abdalshaman Shahin Dema pide conversar con este diario. Chaleco de reportero gráfico con muchos bolsillos, pelo canoso, Dema se presenta como “un vendedor desde hace 35 años”. Quiere dejar los negocios para comprometerse en política. Convida con jugo de naranja y zanahoria embotellado en Siria y dice que quiere conversar sobre “la cuestión kurda”.

“Los kurdos somos una nación y tenemos nuestros derechos. El Medio Oriente no habrá solucionado todas las crisis hasta que no resuelva el problema kurdo, uno de los más grandes de la región. Queremos que ustedes,  argentinos, sepan que nosotros estamos listos para sacrificarnos por nuestros derechos. Pero necesitamos apoyo de otras naciones, de los países europeos, de países de otros continentes. Necesitamos que nos ayuden, que nos apoyen, porque los turcos, los iraníes y los árabes pueden disentir en otras cuestiones, como sucede en Siria, pero se ponen de acuerdo al tratar la cuestión kurda”, plantea Dema.

Su esposa, su hijo y su nuera, los cuatro nietos, escuchan en silencio. “El Kurdistán es muy rico en petróleo pero los proyectos petroleros se resuelven fuera de nuestra región. Nosotros olemos el petróleo pero no vemos ninguno de los beneficios por su explotación y extracción. En Irak, estuvimos expuestos al genocidio, a crímenes de todo tipo. La gente joven del Kurdistán está teniendo que viajar a otros países, a Europa, para conseguir empleos, porque acá no tienen oportunidades. Pero su libertad y su tierra están aquí. Por eso, cuando nos visitan, pedimos que transmitan que los kurdos queremos igualdad con los turcos y los árabes o con los pueblos que vivan allí donde nosotros estamos”, subraya. “Kurdistán quiere establecerse como estado, como nación”, insiste Dema. Por suerte, se entusiasma, “el pueblo kurdo está empezando a levantarse, pero necesitamos apoyo y más poder”.

En la entrada de la carpa, entre alfombras y sandalias que esperan en la puerta, se puede ver la bandera roja, blanca y verde con el sol amarillo. Ese símbolo, como las imágenes de caballos al galope que adornan las ciudades y los paisajes, representan los dos extremos de la historia del pueblo de las montañas. Los jinetes que formaban la Caballería del temible Imperio Otomano, son, hoy, la nación sin Estado más numerosa del planeta.

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3 respuestas a El reclamo nacional del Kurdistán

  1. Natasha Ortega B. dijo:

    Mi novio lo conocí cuando estuve en España haciendo mi maestría, él hablaba inglés pero por su acento noté que erea del Medio Oriente, cuando lo conocí supe que era de una ciudad de Turquia llamada Mardín pero que en realidad eso se llamaba Kurdistán.
    él me ha contado muchas cosas horribles y a lo que se somete su familia por el siemple hecho de ser kurdos, a los problemas y a la calidad de vida que han vivido por eso mismo. Me hizo saber que en Turquía no pueden ver muchos Kurdos juntos a la vez porque los tildan de terroristas. Cuando viajé a Usak, Turquía, me dic uenta que todo es verdad. Pobre de esa gente y sus ganas de defender sus derechos.

  2. Anonimo dijo:

    si formaban parte de los medos, quizas la falla anduvo en que cometieron muchos desmanes en sus pueblos cuando eran gobierno.pero tambien es cierto que ya ha escarmentado suficiente y deben volver al poder , para defender su identidad cultural.

  3. Daniel Pérez dijo:

    Creo que los kurdos tienen derecho a ser un país independiente. Tener sus leyes, su economía y desarrollar su cultura sin limitaciones. Estamos en el siglo 21 es hora de vivir en armonía y paz. Hay mucho espacio sin uso donde ellos pueden vivir y ser un pueblo feliz y libre. Abogo por la paz, la hermandad y el entendimiento entre todos los seres humanos. Los kurdos merecen una oportunidad.

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