El conflicto kurdo entra en una nueva espiral de violencia

El conflicto kurdo entra en una nueva espiral de violencia (El Periódico)

 
Andrés Mourenza, Estambul.- Eran en torno a las 9 de la mañana del pasado miércoles cuando las fuerzas militares de Hakkari recibieron la noticia de la presencia de miembros del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en la carretera que une las localidades de Hakkari y Çukurca. Se trata de una zona, a escasos kilómetros de Irak, de escarpados desfiladeros que conectan, pico a pico, con los montes Kandil, ya en la frontera entre Irán e Irak, y que vive en un estado de total confrontación entre la población kurda local y las fuerzas militares turcas allí estacionadas.
Cuando acudieron los dos primeros blindados del Ejército los guerrilleros kurdos hicieron detonar sendos explosivos aunque sólo consiguieron alcanzar a uno de los vehículos. Al recibir la noticia, un convoy militar con apoyo de helicópteros Sikorsky acudió al lugar, donde los militantes del PKK tenían preparada la emboscada: volaron por los aires otro blindado BTR de 5 toneladas, matando a todos sus ocupantes. En total 9 solados fallecieron y 11 resultaron heridos. Al día siguiente, en la provincia vecina, Siirt, hubo dos nuevos atetandos: 2 gendarmes murieron y 4 civiles resultaron heridos.
La audacia del ataque indica la determinación del PKK, que en el último mes ha acabado con la vida de más de una treintena de miembros de las fuerzas de seguridad. Cada día, desde el sudeste (aunque ocasionalmente también de algunas zonas montañosas de las regiones del Mediterráneo Oriental y el Mar Negro, donde el PKK ha logrado infiltrar comandos) llegan noticias de nuevas emboscadas, atentados o secuestros. Según el diario conservador Zaman otras de las razones son las filtraciones de los servicios secretos turcos, que ponen en peligro la seguridad de las operaciones militares en la zona.
“A partir de ahora se han terminado las palabras. Nuestra paciencia de Ramadán se ha acabado. Ha llegado el momento de actuar. Jamás rendiremos estas tierras a los miembros de la organización terrorista y separatista”, respondió el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, al ataque. Y el contraataque no se hizo esperar: los cazas turcos volvieron a penetrar en espacio aéreo iraquí para bombardear las posiciones del grupo en las montañas Kandil y otras áreas de la frontera turco-iraquí. “Nos esperábamos el ataque, no ha sido una sorpresa. Cada año hay ataques aéreos y nosotros somos un movimiento guerrillero con 30 años de experiencia. Además, no lograron causarnos bajas”, aseguró un militante del PKK a la agencia pro-kurda Firat.
El conflicto kurdo está entrando en una nueva espiral de violencia y eso que, tan sólo hace dos años, parecía posible llegar a un acuerdo de paz. El gobierno y Abdullah Öcalan, el líder histórico del PKK que permanece encarcelado desde 1999, anunciaron sus hojas de ruta; se otorgaron nuevos derechos a los kurdos y miembros de la guerrilla regresaron a territorio turco para reintegrarse en la vida política. Pero la presión de los sectores turcos más nacionalistas –entre partidos políticos, jueces y militares-, la lentitud del gobierno y el maximalismo de los nacionalistas kurdos impidieron aprovechar la oportunidad. Aún así, las negociaciones continuaron al máximo nivel y el jefe de los servicios secretos turcos, Hakan Fidan, se entrevistó con Öcalan.
Sin embargo, el llamado “Juicio KCK”, por el que han sido imputados decenas de representantes electos kurdos acusados de mantener vínculos con el PKK, y el hecho de que la Justicia haya impedido la excarcelación de 5 candidatos del Partido de la Paz y la Democracia (BDP) elegidos diputados en las elecciones del pasado 12 de junio –y que, por tanto, gozan de inmunidad parlamentaria- ha tensado el ambiente. Los miembros del BDP se han negado a recoger el acta de diputado y el pasado 14 de julio anunciaron una autonomía de facto para el Kurdistán turco. La decisión no tuvo trascendencia práctica alguna sino la de tensar aún más la cuerda con Ankara, precisamente el mismo día que el PKK mataba a 13 soldados en una emboscada en la localidad de Silvan (provincia de Diyarbakir), el mayor ataque de los rebeldes kurdos desde 2008.
Erdogan respondió al BDP asumiendo las tesis de los nacionalistas más reaccionarios -“En este país no está permitido hablar de autonomía”- y les acusó de seguir los dictados del PKK. Para tratar de ganar puntos, Öcalan envió entonces un mensaje al gobierno: “Nadie, aparte de mí mismo, puede lograr que el PKK deje las armas. Si me dejáis, puedo lograr solucionar el tema en una semana. Si no, los combates serán 10 veces más duros que el de Silvan”. A cambio de su mediación, exigió que se le pusiese en libertad.
 
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