Autonomía artística para los kurdos de Turquía

Los kurdos de Turquía demandan más libertades. Jóvenes kurdos conmemoran la masacre de mayo de 1977 el mes pasado.

Capitalizando la Primavera Árabe, los kurdos presionaron para tener una mayor representación parlamentaria en las próximas elecciones y su cine y su música en las calles, para afirmar su identidad.

POR MICHAEL KIMMELMAN – The New York Times

Hasta no hace mucho, reproducir música kurda por altoparlantes en las calles habría provocado aquí a la policía turca. En la actualidad, centenares de CD de cantantes pop kurdos llenan una larga pared en el mercado Vizyon Muzik, con forma de caja de zapatos.

Abdulvahap Ciftci, el kurdo de 25 años que dirige el lugar, me dijo que los clientes compran alrededor de 250 discos kurdos por semana. “Y puedo llegar a vender un álbum turco”.

Los activistas a favor de los kurdos llevan meses organizando asambleas que en las últimas semanas se fueron transformando cada vez más en enfrentamientos violentos con la policía en esta región fuertemente kurda del sudeste. Capitalizando la Primavera Árabe, así como también el apoyo expresado por Turquía a los reformadores egipcios, en las elecciones de este mes los kurdos presionaron para tener una mayor representación parlamentaria y más libertades políticas y culturales.

Resisten desde los años 1920, cuando Turquía comenzó a asimilar por la fuerza a sus kurdos, aproximadamente 20% de la población, en una lucha por forjar un Estado-nación a partir de los restos fragmentados del Imperio Otomano. Desde mediados de los años 1980, decenas de miles han muerto a ambos lados.

A esta altura, probablemente sea el conflicto sangriento más prolongado en el mundo.

En marzo se estrenó en Estambul una película turca, “Press”, que cuenta la tortura y el asesinato de docenas de periodistas que trabajaban para Ozgur Gundem, el diario que está en el epicentro del combate kurdo.

Más de 75 de sus empleados fueron asesinados entre 1992 y 1994, cuando el diario fue cerrado por el gobierno. Sólo recientemente, volvió a imprimirse. No obstante, el director de la película, Sedat Yilmaz, de 38 años, me dijo hace poco que la policía quiso asegurarse que usara ejemplares falsos de Ozgur Gundem, no auténticos.

“Por lo menos ahora es posible hablar de estos temas en forma un poco más abierta”, dijo Ylmaz. “La mejor forma es a través de películas y obras de teatro y música, cosa que finalmente está empezando a ocurrir”.

Pero aquí el cambio, en cualquier caso, es lento. Las concesiones del gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdogan en 2009 dieron lugar al primer canal de televisión nacional kurdo, y el gobierno también permitió la enseñanza del kurdo en las universidades privadas.

Estos gestos simbólicos fueron título de primera plana: primero porque eran señales al mundo exterior de que un Estado democrático manejado por un líder islámico no se volvería xenofóbico o tribal, y segundo porque aun los pasos pequeños destinados a reconocer la cultura kurda pueden desatar tormentas políticas. Los nacionalistas turcos armaron lío.

Los kurdos turcos dicen que una mayor libertad cultural no hace más que alentar su lealtad al Estado turco.

“Para nosotros, la asimilación es una violación de los derechos humanos”, dijo Gulten Kisanak, co-presidenta del partido Paz y Democracia pro-kurdo. “Es una parte natural de la urbanización también, y la urbanización turca ha amenazado siempre a la cultura kurda, a nuestra música, nuestras canciones de cuna y cuentos de hadas, que, viniendo de nuestros pueblos fueron la forma de transmitir nuestra herencia a las nuevas generaciones”.

Los recientes arrestos de grandes cantidades de activistas políticos kurdos alimentaron no obstante la preocupación de los kurdos, temerosos de que el gobierno nunca haya tenido en mente una verdadera democracia para ellos sino que sólo guardó las apariencias para consumo occidental.

“Los cambios son significativos pero todavía no bastan”, dijo Burhan Senatalar, profesor de la Universidad Bilgi en Estambul.

“Si usted les pregunta hoy a los turcos, en abstracto, si la gente debería poder hablar en su idioma natal, la mayoría diría, por supuesto, ningún problema”, dijo. “Pero con el kurdo, el miedo ensombrece el panorama. El idioma es la demanda kurda más grande porque el lenguaje es sinónimo de identidad. Es la raíz de cualquier cultura y muchos kurdos, que vieron reprimida su lengua, ya no conocen ni las reglas básicas de la gramática kurda. O sea que el debate se volvió hacia el idioma. Para plantear demandas culturales más allá del idioma se necesita gente calificada que escriba obras y haga arte, y durante los años 80 fueron tantos los kurdos torturados que no tenían tiempo de pensar en cuestiones culturales, lo cual significa que todavía hay un largo camino por recorrer”.

En este momento, en las librerías se ven más libros en kurdo.

Una compañía de teatro monta producciones en kurdo en Diyarbakir. Y la música kurda, como el Dengbej, un tradicional discurso cantado en kurdo, se oye por todas partes. “Comparando con otra época, estamos mejor”, dijo Ciftci. “Ochenta por ciento de nuestra identidad como kurdos está en nuestra música. Si usted es kurdo hoy, aunque no hable el idioma, puede escuchar una canción en kurdo y el alma brama. Nos hace sentir parte de una lucha”.

Fuente: Revista Ñ

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