"Procuro mantener la política alejada de mí música; el arte tiene que ser libre"

Foto: Santi Gimeno


JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.“Yo hago música, no política”. Así de rotunda se mostró la intérprete turca de origen kurdo Aynur (1975) antes del concierto que dio anoche en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife. Su participación en el Otoño Cultural generó una gran expectación que se tradujo en un aforo cubierto al cien por cien. “Yo me expreso mejor cantando. A un cantante no hay que dejarle hablar, sino escuchar su música. Al final, las palabras no dicen nada”, señaló una artista que, por ahora, ha construido su discografía en torno a los proyectos “Keçe Kurdan” (2004), Nûpel (2005) y “Rewend” (2010). “Procuro mantener la política alejada de mí música; el arte tiene que ser libre”, subrayó.

¿Qué es lo que intenta transmitir con su música?

Son canciones que he recuperado del pasado y que hablan de sentimientos reales. Leyendas y hazañas, pero también vivencias que pueden suceder en una boda o en un funeral. Represento a una cultura que siempre tuvo muchas dificultades para contar episodios claves de su historia a través de la música. Se trata de un lenguaje universal que se entiende en todo el mundo pero, en mi caso, intento transmitirlo desde la sinceridad.

¿Cómo una intérprete tan joven se empezó a interesar por los ritmos más tradicionales?

Ya no soy tan joven (sonríe). Me gusta oír las músicas del mundo, pero lo tradicional es más sincero, puro, limpio…

¿De qué forma está ayudando a difundir las músicas del mundo el auge de voces femeninas como las de Aynur o Noah?

Existen muchas voces en el mundo que siguen esperando que alguien las escuche. En África, en Afganistán, en India… Yo me expreso mejor cantando. A un cantante no hay que dejarle hablar, sino escuchar su música. Al final, las palabras no dicen nada. Un sentimiento siempre va a estar por encima de una buena canción.

¿No es más difícil planificar una carrera profesional desde unos planteamientos más tradicionales?

Yo no pienso cómo quiero que me salga un concierto; prefiero subir a un escenario y enseñar al público lo que siento en ese mismo instante. Mi música aporta un mensaje de paz, amor y unidad. Desde el momento en que te plantees un reto estás aumentando la distancia que existe entre el músico y el público. Me gusta cantar mirando a los ojos de las personas que escuchan una historia que puede que no entiendan, pero que son capaces de sentir.

Su pueblo, históricamente, está acostumbrado a realizar grandes conquistas. ¿Su música necesita también ganar nuevos espacios?

Los otomanos llegaron antes que yo (ríe)… Ellos eran los conquistadores.

Era una metáfora.

La música de mi pueblo ha tenido que salvar muchísimos obstáculos; años muy complicados en los que era imposible acceder a los sonidos que se hacían en mi país. Es verdad que el hecho de que cantara en kurdo representaba un acto político, porque suponía un desafío político. Hoy todo es distinto. Procuro mantener la política alejada de mí música; el arte tiene que ser libre. La mayoría de las canciones turcas actuales están relacionadas con la obra de Pir Sultan Abdal -un poeta, místico, trovador y héroe de la resistencia- y el siglo XVI. Sus vivencias no se podían cantar porque estuvieron prohibidas hasta 1940. Él hizo una revolución sin armas, sin guerras, sin utilizar la fuerza… Escribió que si alguien te tira una piedra, tú debes devolverle una rosa. Yo hago algo parecido en los escenarios. Recibo aplausos del público y mi mente les devuelve rosas.

¿Qué tipo de relación mantiene una artista de su perfil con las redes sociales?

No las uso. No me llevo bien con los ordenadores…

Pero, sin embargo, la incidencia de plataformas como Myspace o Facebook cada vez son más determinantes para la promoción de un producto.

Hasta hace poco creíamos que este mundo era demasiado grande y, en cambio, hoy lo podemos llevar en el bolsillo de un pantalón. La tecnología es algo positivo, pero no tiene alma. Le falta sentimiento. Yo, por ejemplo, prefiero el contacto con el público. Me gusta cantar cara a cara y esperar reacciones.

¿De alguna manera está humanizando la profesión de músico?

Lo que más me interesa es que la música hable de la emoción y de la alegría. No hay que dejar de contar una historia porque sea triste. Creo que existen muchos prejuicios culturales, sociales, religiosos que hay que tratar de romper. Si no somos capaces de aceptar que hay que cambiar cosas, no existe la posibilidad de mejorar. Tenemos que empezar a sentirnos humanos para poder ser realmente humanos.

La tradición que está presente en su obra también se “alimenta” de leyendas que no son exclusivas de su país, ¿no?

Lo tradicional es igual en todas las partes del mundo. Es como mirar una obra de Picasso. No se necesita nacer en España para entender que una de sus obras transmite una gran universalidad. La cultura no puede tener fronteras y no es malo aceptar que estamos rodeados de estímulos artísticos. Mis canciones se centran en historias de mi país, pero busco influencias globales.

Otra intrevista en el Diario de Avisos:

“La música kurda y el flamenco se parecen mucho porque tienen la misma raíz”

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