María Sancho, una emprendedora española en el sur del Kurdistán

En el MW nos gusta recorrer diferentes partes del globo mediante viajes con nuestra mochila al hombro, conociendo la actualidad de diferentes países o, como en esta ocasión, conociendo curiosas y enriquecedoras historias como la siguiente que nos acercó en junio de 2009, el gran Captain.

La historia de María Sancho tiene mucho de valentía y un poco de locura. Esta emprendedora lleva diez años en un solar de Oriente Medio conocido como el Kurdistán iraquí. Ha vivido una dictadura, el intento de exterminio de un pueblo, una guerra y una ocupación.

Ahora, mira hacia el futuro con una sonrisa y la conciencia tranquila de saber que está ayudando a un pueblo que sufre. Se dedica a exportar tecnología agraria española a Iraq.

“Llegué invitada por el pueblo kurdo, como profesora universitaria y con un sueldo de 98 dólares al mes y me quedé”, cuenta esta doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad de la Sorbona francesa.

“Después, me reenganché en un ONG local y troté por un montón de pueblos. Quería asistir a los millones de victimas del genocidio de Sadam Hussein. Formé a los profesores que debían enseñar a leer a decenas de miles de mujeres analfabetas”, añade Sancho.

“Ayudé a desactivar minas antipersona de manera segura a esos niños que todo el mundo ha visto en Las tortugas también vuelan, y que vendían los explosivos en el mercado local”, explica esta mujer que, con cuarenta años, habla siete idiomas.

“Seguí aprendiendo mucho y un buen día, cuando Sadam ya había desaparecido de las fotos, y los kurdos tenían derecho a pasaporte, me llamaron a trabajar a la oficina del Primer Ministro del Gobierno Regional para cumplir mi sueño: elaborar un estudio de viabilidad para la mejora de la tecnología agraria”, dice Sancho.

Tierras secas “Estamos en el norte de Mesopotamia y, en el mercado, la producción de alimentos propia no pasaba del 5%”, añade con énfasis.

“Pasé demasiadas horas sentada con los consejos de ancianos, bajo una morera en el patio de una mezquita y reflexioné. Con este equipaje volví a España, a buscar a quién nos pudiese ayudar a empezar a producir”, relata esta española.

“En Murcia encontré una panda de chalados que creyeron en mí cuando les dije lo que pasaba, y así es como se convirtieron en la solución”, agrega.

“Elaboramos un plan de transferencia de tecnología agraria con el Gobierno murciano, a través del que forman a los kurdos en sistemas de riego localizado y agricultura protegida con las técnicas más simples. Y como la formación había sido impecable, los resultados fueron fabulosos”, asegura con optimismo Sancho.

“Eso animó a mucha gente a ponerse a cultivar y, en menos de cuatro años, la producción de hortícolas locales se acerca al 30% del total que se consume. Así pues, vamos a dar servicios integrales al agricultor local, y de distribución a las empresas españolas que se van decidiendo a acompañarnos en esta andadura, que no se amilanan por lo que dice la tele que pasa, y apuestan por exportar a Iraq”, concluye esta emprendedora.

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