“Kurdistán: Un polvorín semidormido” por Jorge Melgarejo

Es la mayor nación sin Estado, con 25 millones de habitantes. Sólo en los últimos 20 años más de 30.000 personas han sido asesinadas y 3.000 aldeas borradas. Existen más de 5.000 presos políticos.En el café Mayeco el tiempo parece haberse detenido. Libros antiguos, al alcance de la clientela, juego de ajedrez, el apetecible té, el periódico y, cómo no, el humo del cigarrillo que muchos añoramos.

Así podría ser el comienzo de una novela desarrollada en Erbíl, capital del Kurdistán sur, como les gusta ser catalogados, o del Kurdistán iraquí para quienes no manejan la problemática.
Pero no se trata de una novela sino de la realidad de una región donde una buena parte de los líderes piensan que sin duda esto es un polvorín dormido y de características particulares, que puede llegar a alcanzar connotaciones extraordinarias dados los intereses que genera en los implicados y las múltiples interferencias existentes.
Miles de taxis circulan por una ciudad donde sin duda existe el mayor número de tiendas de telefonía y de ordenadores por metro cuadrado.
Pero en Erbíl también resuena la violencia que llega desde Bagdad y otras regiones donde los ecos de la guerra aún continúan. Sin embargo en el Kurdistán se manejan otras varas para medir las situaciones, y es que durante siglos los kurdos fueron obligados a vivir de espaldas al mundo y eso permitió que ocurrieran incomprensibles represiones totalmente impunes de las que una vez más intentan escapar.
Considerada como la mayor nación sin Estado del mundo moderno, merced a sus 25 millones de habitantes, quienes manejan los hilos de las luchas aseguran que la comunidad internacional no debería de dejar por mucho más tiempo apartada las posibilidades de resolver el problema, que lejos de atemperarse continúa en evolución. Si bien es cierto que los kurdos de Iraq, gracias a su cooperación para derrocar a Saddam, recibieron en compensación una autonomía que les permite un cierto desarrollo, no puede decirse lo mismo de aquellos que viven al otro lado de las fronteras, en Irán, Siria, Turquía, incluso en Armenia y Azerbaiyán. Sin duda Saddam Hussein diezmó considerablemente a la población kurda de Iraq, habiendo originado un verdadero genocidio, arrojando sobre ellos el mortífero gas mostaza. Miles de kurdos perecieron entonces. La comunidad internacional, cínicamente, miró hacia otro lado porque por entonces Saddam ostentaba el triste y esperpéntico titulo de tonto útil y porque como siempre los muertos se miden más por su categoría que por la barbarie. Sin ánimo de olvido, todo ello pertenece al pasado, y hoy, como ayer sin embargo, Turquía no dejó jamás de ejercer la represión sobre la población kurda. “Es una falacia permitir que Turquía forme parte de la Unión Europea (UE) si no se le exige antes que resuelva el problema kurdo y sobre todo que cesen las matanzas y las persecuciones en Turquía”. Teniendo en cuenta que tan sólo en los últimos 20 años más de 30.000 personas fueron asesinadas y 3.000 aldeas borradas del mapa, donde existen además más de cinco mil presos políticos, en su mayoría kurdos, los líderes que se expresan así aseguran que no carecen de razón para exigir colaboración para lograr la paz. Para profundizar en el tema y conocer parte de la realidad, una asignatura pendiente para muchos, nada mejor que introducirse en el corazón de las montañas de Kandil, en el triangulo formado por Irán, Iraq y Turquía, desde donde realiza sus acciones guerrilleras el PKK, Partido de los Trabajadores Kurdos, con el propósito de forzar al Gobierno turco a sentarse a negociar para llegar a acuerdos políticos que permitan una solución justa para el camino hacia la paz.

Se dice, con razón, que las aldeas que pueblan los profundos y semiocultos valles están defendidas por una enorme fortaleza natural, que son las montañas de Kandil. Inexpugnables.
Una geografía enormemente compleja de una belleza excepcional, que durante la época de nieves queda en su mayor parte aislada, conforma el mundo de una población que espera una solución. Toda la franja montañosa que bordea Irán y Turquía permanece en su mayor parte bajo el control del PKK y su guerrilla. En el organigrama geográfico, la parte iraquí debiera ser controlada por fuerzas de Iraq. Sin embargo, ningún soldado iraquí se aventura en una zona donde todo lo que ocurra incumbe al PKK.

Una pequeña garita que ejerce las funciones de control, de las fuerzas del PKK, marca el comienzo del territorio en poder de la guerrilla. Los habitantes de la región se catalogan a sí mismo como kurdos y no importa de qué lado de la frontera habiten. Si bien es cierto que dependiendo de la zona pueden hablar hasta cinco dialectos distintos.
No hay ostentaciones de armamentos ni despliegues espectaculares de hombres, todo muy discreto, nada que pueda hacer denotar la presencia de guerrilleros desde el aire. Desde los picos de las montañas, el PKK protege a las poblaciones de ataques exteriores. Ellos son los encargados de dar seguridad a la zona. De hecho, buscando la discreción, los mandos son partidarios de que los combatientes se movilicen de dos en dos.

Llegar hasta allí ya es otra historia, por lo oculto que permanecen y por el secretismo que desarrolla la guerrilla. Por las razones que sea, u obedeciendo a intereses difíciles de comprender, la carretera que debería de llevar hacia la frontera iraní y que facilitaría de algún modo el paso hacia las montañas, es celosamente vigilada por el propio Ejército kurdo de Iraq, que obedece al Gobierno kurdo regional. Si hay algo que uno no puede disimular es que no parece ni iraquí ni kurdo, con lo cual en los controles va anunciando a gritos esa connotación y como ocurre casi siempre, en el último control, termina siendo empujado hacia atrás, con todo lo que ello significa de frustrante. Venir desde tan lejos para perderse en el intento.

Los caminos piratas

Quienes desde el PKK organizaron la aventura tenían previsto este inconveniente y comenzó el paso por los caminos piratas, como es denominado por los kurdos el serpenteante camino de tierra, estrecho y sinuoso que atraviesa la montaña. Observando la interminable cordillera y su condición de inexpugnabilidad se termina por comprender porque Carlomagno no logró conquistar la región. ¿La excusa para no permitir el paso? Que a partir del último control se entra a territorio peligroso y no desean ser responsables de lo que pudiera ocurrir. Cerrado el paso, excepto a los kurdos. Sin embargo el PKK asegura que no permitir el paso a extranjeros y fundamentalmente y de modo excepcional al periodista obedece a oscuros intereses por aislar a este partido. La escasez de medios de comunicación colabora asimismo para que el conflicto sea auténticamente desconocido para gran parte del mundo, aunque desde el PKK se asegura que el celo extremado desarrollado por ellos ha permitido que la guerrilla sobreviviera tantos años.

No obstante, con demasiada asiduidad, los iraníes bombardean la zona desde su territorio, intentando iniciar alguna vez las incursiones al interior. ¿Por qué los iraníes desean a su vez llevar ataques sobre una fuerza y una población que aparentemente no les concierne? La realidad es que a Irán no le interesa para nada que una guerrilla y una población que les protege prolifere en su frontera, teniendo en cuenta los aproximadamente cinco millones de kurdos que pueblan el Kurdistán iraní, que a su vez cuenta con su propia fuerza, el PJK, homólogo del PKK.

Desde el lado turco, la realidad es aún mas cruel. Se producen ataques de las fuerzas armadas sobre las bases guerrilleras y sobre las aldeas que aún resisten, porque la práctica y la política de tierra quemada está muy vigente en la actualidad. Las aldeas desaparecen por los propios bombardeos o porque los habitantes pierden su modo de subsistencia y las abandonan, que es uno de los objetivos de las fuerzas turcas. El millón largo de kurdos que emigraron hacia Alemania, Austria o Australia, así lo testifica, una diáspora inexplicable en pleno siglo XXI.

Durante la última semana un gran despliegue de tropas, tanques y helicópteros ‘Cobra’ intentaron una operación de gran envergadura con el fin de destruir y terminar con una importante base guerrillera, situada en los picos Senit Karker y Sehitgafur, después de dos largas horas de combate. Dada la situación estratégica de la base no pudieron lograr el objetivo y tras perder a cinco soldados decidieron la retirada. Numerosos ataques se llevan a cabo de forma habitual sobre las aldeas consideradas por las tropas turcas como rebeldes y más en estos días de exaltación nacional (21 de marzo), donde durante cinco días todo el Kurdistán, no importa de qué zona, incluida la diáspora, conmemora el Nevroz, año nuevo y comienzo de la primavera, a la que se suma la fiesta de identidad nacional kurda.

Extraido de: Cambio16latino.com

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