"La lucha de un kurdo desde Ciudad Real por la libertad de su pueblo"

El rotativo manchego Lanza, ha publicado hoy, gracias a Mariajo, una entrevista que hizo el periodista Juan Ignacio Sanz conmigo hace ya una semana.

Antes de copiar y pegar la entrevista, quería aclarar unas cositas y corregir unas erratas digitales que se colaron a la hora de publicar la entrevista.

* En Siria el pueblo kurdo desde el punto de vista oficial no existe, por lo cual no hay datos oficiales para conocer el número exacto de la pobalción kurda en Siria, según los partidos kurdos se calcula que hay unos tres millones kurdos en Siria.

* Alepo es la seguna ciudad más grande de Siria después de su capital Damasco.

* Del momento no he actuado, como cantante, en otros países europeos, pero lo haré en breve.

* En el primer año de mi estancia en La Mancha, hubo un fallo adminstrativo, lo cual hizo que tarde un año para obtener el permiso de residencia y pude gozar , sólo, de una estancia legal para nueve meses.

* La foto del mapa del Kurdistán en los montes de Toledo fue tomada por Antonio Real (mira aquí).

Cabe destacar que el libro que llevo en mi mano es del periodista Manuel Martorell “El Kurdistán: Viaje Al País Prohibido.

Os dejo con la entrevista en edición digital y pinchando la foto podéis ver la edicón empresa.

Juan Ignacio Sanz / Ciudad Real


Lo primero que hizo Zinar Ala nada más obtener el asilo político, lo que le otorga derechos como ciudadano español, fue realizar un ayuno solidario frente a la Embajada de la República Árabe de Siria en Madrid. Sólo, sin ninguna compañía, más que la de algunos policías que bajaron de la embajada a hacerle unas fotos, y la visita de una mujer “extrañamente interesada” por la acción de este hombre de 33 años.Quizás estuviera solo en la calle, soportando las frías temperaturas que sufrió la capital de España entre los días 21 y 25 de noviembre -la condición de asiliado se le concedieron el viernes 20-, pero en su conciencia sabía que tenía mucho apoyo para su causa: la liberación de 170 presos del Partido Kurdo de la Unión Democrática (PYD) que se encuentran encarcelados en la prisión de Adra (Siria) por razones puramente políticas.

Como estos hombres habían iniciado una huelga de hambre el pasado 30 de octubre -reivindicación que se dio por finalizada el 9 de diciembre-, Zinar Ala quiso solidarizarse con ellos, y por ende, con todo el pueblo kurdo que malvive en Siria: unos 8 millones de personas.
Era un gesto calculado, ya que hasta que no obtuviera el asilo político, Zinar no tenía papeles en España, a donde llegó hace unos cuatro años, y más concretamente a Ciudad Real, donde reside y donde cuenta con el apoyo de un familiar que lleva en esta ciudad desde hace algo más de 30 años.

Y es que Zinar Ala tuvo que salir de su país de nacimiento, Siria, porque se sentía perseguido por el gobierno de este país musulman. La causa es simplemente que Zinar es kurdo, uno de los pueblos del mundo que han sufrido duras represiones durante muchos años y que aún hoy, no tienen un territorio al que llamar patria.

El Kurdistán es una región inmensa que se encuentra en una encrucijada. Sin gobierno propio, su vasto territorio se reparte entre cuatro países: Irán, Irak, Siria y Turquía. Desde tiempos inmemoriales, el pueblo kurdo, de origen indoeuropeo, ha sido un pueblo que no ha tenido derechos.

Tras la segunda guerra de Irak, la que significó la derrota de Saddam Hussein, los kurdos que vivían en este país fueron los primeros afortunados en ser dueños de una tierra propia, la región llamada Kurdistán iraquí. Son aproximadamente 7 millones de ciudadanos con plenos derechos y deberes reconocidos por el gobierno de Yalal Talabani.

Pero son los únicos. No son reconocidos ni en Irán ni en Turquía, donde el 12 de diciembre el gobierno de este país ha ilegalizado el grupo político kurdo Partido Sociedad Democrática (PSD). Por lo menos, en Turquía, donde se refugian el mayor número de ciudadanos kurdos, cerca de 20 millones de personas, y que tradicionalmente ha perseguido a este pueblo, con su afán de querer entrar en la Unión Europea debe cuidarse mucho de sus acciones contra los kurdos, ya que la UE vigila de cerca si atentan contra los derechos humanos.

Dejando a un lado Turquía e Irán, donde peor lo están pasando los kurdos es en la amplia zona de Siria que pueblan. Y Zinar Ala lo sabe bien, pues nació en 1976 en la ciudad de Alipo, una pequeña población de Siria, cercana al monte Kurdag, centro espiritual del pueblo kurdo.

Zinar sufrió en su propias carnes la represión siria hacia los kurdos, una gente que en este país árabe no tiene derechos aunque sí deberes. Todo comenzó en un día especial para el pueblo kurdo, el Newroz, su Día Nacional. Durante toda esa jornada, los kurdos de Alepo celebraron con banderas, música y comida su p`ropia cultura y tradiciones. Zinar Ala regentaba entonces, con 23 años, un pequeño negocio de música, algo que le ha gustado desde siempre y que ahora le sirve para dar a conocer el folklore de su pueblo por diferentes puntos de España (ha actuado en Ciudad Real y en Bilbao, entre otros sitios), y de otros países europeos.

Estando de fiesta por el Newroz, se quemaron neumáticos que atrajeron el olfato de la policía siria que vigilaba de cerca a los kurdos en el único día en el que pueden mostrarse al mundo como son. Automáticamente, sin mediar palabras, la policía de aquel país detuvo a Zinar Ala y a tres amigos más. No fueron los únicos, en total, según cuenta Zinar, hasta 35 personas fueron acusadas de “haber quemado”, tal y como decía la declaración que la policía hizo firmar a Zinar y a sus amigos. “Temiendo que nos pegaran o torturaran, todos firmamos, pero no hubo ni juicio ni nada parecido”. Ni siquiera su familia, que gozaba de una buena situación en Alepo, pudo interceder por su hijo y sus amigos para que les liberaran.

Así, Zinar se vio en la cárcel sin saber porqué y sin ninguna explicación. Culpable por ser kurdo, podría rezar la ficticia sentencia. Y dentro de la prisión de Alepo, Zinar conoció más de cerca la realidad a la que se estaban enfrentando numerosos compatriotas. “Conocí a mucha gente que estaba en la cárcel sin motivo, sólo por ser kurdo. Y sentí miedo porque yo estaba como ellos. Yo estaba preso sin haber hecho nada, sin poder demostrar que era inocente, sin un juicio… Nadie me decía cuánto tiempo iba a estar allí metido…”, reflexiona.

Fueron 75 días los que pasó en la cárcel aquella. Unos exámenes finales de la carrera que estaba estudiando en aquellos meses, Economía, le sirvió para salir. Y ya no volvió a entrar. “El juez llegó a decir… ¿por esto les habéis metido en la cárcel 75 días?”, recuerda Zinar. No hubo ninguna compensación por esos meses perdidos. Ni una palabra de perdón. ¿Para qué?, los sirios no quieren saber nada de los kurdos, desean acabar con su cultura, -“que no tiene nada que ver con la árabe”, aclara Zinar-, sus tradiciones, su idioma. “A los niños kurdos les obligan a aprender el árabe en las escuelas y les enseñan a rechazar nuestra cultura”, explica.

El paso por la cárcel quizás le sirvió para alimentar una personalidad solidaria con los suyos. También le llevó a manejarse con precaución “y a veces miedo”, por las calles de Alepo, su propia ciudad, temiendo ser detenido de nuevo por cualquier otra cosa que no había hecho.
La universidad le trajo a España, precisamente a Ciudad Real, gracias a su familiar. Quería estudiar un Posgrado de Traducción al Árabe en la Escuela de Traductores de Toledo. Durante cuatro años ha vivido sin papeles pero eso no ha hecho que viviera en la invisibilidad.

Es socio activo de Amnistía Internacional; participa en cuantas acciones solidarias le requieran; ha realizado conciertos donde muestra que la música y la cultura kurda tiene poco que ver con la árabe; es corresponsal desde España de un periódico digital kurdo llamado Avestakurd.net; y continúa sus estudios de traducción. Es un hombre inquieto que necesita estar en contacto con la gente para sentirse bien.

En Ciudad Real ha sido muy bien acogido y ha participado en muchas actividades sociales y solidarias. A partir de ahora, quiere seguir luchando por el pueblo kurdo en general, y especialmente por los que viven en Siria. Dice que ha estado en contacto con otros kurdos de España para crear una asociación a favor de su gente. En todo el estado, tan sólo existe una, Amigos del Pueblo Kurdo, en el Páis Vasco.

“Lo único que quiero es aprovechar mi situación de privilegio en España para luchar por los intereses y por los derechos humanos de mi pueblo”, afirma contundente. Suena a que lo conseguirá. No ya salvar a su gente, si no intentarlo para que de esta manera salgan a la luz los problemas que sufre el pueblo kurdo en Siria, para que todos tengamos conciencia de que unos 40 millones de personas son perseguidos y maltratados por el simple hecho de haber nacido en el Kurdistán.

Quien quiera saber de su lucha, puede seguirle en su blog, en castellano, http://zinarala.blogspot.com.

 

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